Suena el despertador , eran las 6:30 de la mañana. Marcos extiende la mano y lo apaga. No tenía ganas de levantarse, se encontraba tan agusto con su mujer a su lado que no le apetecía nada más, con ella lo tenía todo. Ella era suficiente. Pero tenía que ir a trabajar para mantenerla, al igual que a sus hijos.
Son las 7 de la mañana cuando se decide a levantarse de la cama. Un bostezo. El armario abierto de par en par, toma unos pantalones vaqueros y una camisa de rayas. Mientras estaba desayunando, sus dos pequeños hijos correteaban de un lado a otro preparándose su pequeño plato de cereales. Eran adorables, los quería tanto… “Quién pudiera volver a esa infancia que nos hace tan felices y se esfuma poco a poco sin que te des cuenta. Sólo puedes apreciarla cuando ya la has perdido”, pensó Marcos. Acto seguido apareció su mujer por la puerta de la cocina y lo besó en la mejilla, dándole así los buenos diás.
Dio el último sorbo al café mientras cogía la chaqueta con la otra mano. Miró el reloj, iba sobrado de tiempo, por lo que subió al coche muy tranquilo y comenzó a conducir por la avenida principal dirigiéndose a la oficina. A medida que iba avanzando, aparecía una fila de coches, la que dentro de unos minutos haría que llegase tarde al trabajo.
Eran las 8:15 cuando llegó, y ya estaba el jefe en la puerta esperando una buena excusa. La necesitaba, porque el inspector estaba revisando a los trabajadores y éstos no podían permitirse llegar tarde, esa empresa estaba en una mala situación.
A la hora de la salida quedó con un viejo amigo para ir a tomar algo, había sido un día muy duro y tenía la necesidad de despejarse. Al acabar de hablar con Lucas, Marcos fue dirigido a casa. Su mujer e hijos lo esperaban impacientes. Hoy no había ido a almorzar y habían recibido una noticia que querían comunicarle. No era una buena noticia. La empresa en la que trabajaba había tomando una dificil decisión después de una larga charla con el inspector: tenía que cerrar. Al oír esto, Marcos no supo qué hacer, no se encontraban muy bien económicamente y necesitaba un sueldo para mantener a su familia, ya que su mujer no poseía ningún tipo de trabajo, simplemente era ama de casa.
Al día siguiente, Marcos llamó por teléfono al número de una empresa que le habían recomendado. Después de tanto buscar un nuevo trabajo, creía haberlo encontrado. Tras varias llamadas telefónicas sin respuesta, perdió la esperanza, pero volvió a intentarlo . Al otro lado de la línea escuchó una voz , pero no resultó ser la que oiría a menudo. Lo rechazaron, era la cuarta vez que le pedían un buen currículum académico, y el que él tenía era muy escaso.
En casa se estaba notando el paso de tener un sueldo considerado a obtener sólo la ayuda de uno de sus dos hijos (el más mayor, con cuatro años, que padecía un pequeño trastorno mental).
Pasaron los días, las semanas, y Marcos se levantaba tarde y se tumbaba en el sofá sin nada que hacer, sólo preocuparse por su situación laboral.
Dos meses más tardes, Marcos y su mujer se limitaban a comprar la comida necesaria. Los pequeños notaban algo raro en casa, su padre estaba a todas horas en ella. Pero en un momento inesperado llamaron a la puerta, era el viejo amigo con el que había tomado un café aquel día. Traía buenas noticias: Lucas había informado a su empresa de lo que le ocurría a Marcos y de la situación de su hijo mayor y, los dueños, necesitados de algún que otro trabajador, le comunicaron que querían hablar con él para que perteneciera a aquella empresa. Era justo lo que necesitaba. “Gracias, Lucas”, fue lo único que pudo añadir al finalizar la conversación.
lunes, 10 de octubre de 2011
Manuel, la historia de un chico normal al que le afectó mucho la crisis.
Un día lúgubre, sombrío, oscuro, prieto de febrero a las 11:54 p.m., exactamente el 25 de 1995, nació Manuel, un niño como otro cualquiera, la diferencia al resto es que él nació un día lúgubre, sombrío, oscuro y prieto, por todo lo demás era un chico muy normal. Nació en Toledo, una ciudad muy bonita, en el seno de una humilde familia. A la edad de 6 años sus padres por su cumpleaños decidieron regalarle un viaje a la playa, ya que no conocía todavía el mar. Durante el viaje tuvieron un gran accidente y el único superviviente fue Manuel. Este fue llevado a un orfanato a las afueras de Toledo, porque sus padres no tenían ningún familiar en España debido a que eran extranjeros, pero llevaban viviendo bastante tiempo aquí.
Él ya no era el mismo, no sonreía, apenas comía, hasta que pasados dos años conoció a Ernesto, un niño de su edad con el que hizo buenas migas, estaban todo el día haciéndole travesuras a las monjas del orfanato, la broma más pesada fue cuando un día de verano cogieron una manguera y la llevaron al comedor, allí mojaron a todas las monjas que había, otra broma fue cuando una noche de tormenta, a las dos de la mañana aproximadamente, fueron a robarles las dentaduras postizas a las monjas y las escondieron en la biblioteca, a la mañana siguiente las monjas estuvieron como locas buscándolas por todo el orfanato hasta que las encontraron. Sin duda alguna, Manuel era feliz a pesar de todo lo ocurrido.
Cuando tenía 14 años, dentro del orfanato, se comentaba que iban a venderlo a una compañía estadounidense de yogures, porque le gustaba esa zona para explotar sus negocios, ya que debido a la crisis económica el orfanato no contaba con muchas subvenciones y el dinero escaseaba para poder mantener a tantos niños.
Manuel no podía permitirlo y junto a Ernesto y a los demás chicos del orfanato propusieron un plan, el plan consistía en conseguir un poco de dinero mediante un torneo de tenis ya que tenían una gran pista para jugar, el plan funcionó pero no consiguieron el suficiente dinero. Las monjas convocaron una reunión y les comentaron a los chicos la situación que había y que debían vender el orfanato, les dijeron que no se preocuparan, que serían enviados a un orfanato en León en un plazo de un mes cuando vendieran el orfanato a la compañía estadounidense.
Quedaban cinco días para la venta y a Manuel le dieron la noticia de que una familia lo quería adoptar, este se despidió de todos, sobretodo de Ernesto, su gran amigo, y se prometieron que cuando cumplieran 18 años irían de viaje a vivir nuevas aventuras.
La familia que lo adoptó no era rica sino todo lo contrario una familia humilde de mediana edad que no podían tener hijos. Estos vivían en Granada y le resultó un poco difícil adaptarse a su acento, porque eran de campo. En su nueva casa también pasó penurias porque la crisis era cada vez más grande y su familia vivía del paro de su padre, de la pensión de la abuela Josefina, una señora muy sensata, aunque de vez en cuando daba collejas a diestro y siniestro, y de su madre que trabajaba en el colegio público de limpiadora. Manuel se apuntó al instituto para poder tener un buen trabajo en un futuro, porque él veía en la televisión que el paro cada vez subía más, que para encontrar trabajo había que tener una buena formación académica, también veía a gente que no podía pagar sus grandes hipotecas, y al final desahuciaban sus casas, eso a Manuel le parecía muy duro y no podía permitir que a él y a su familia, aunque llevara poco tiempo con ellos, les ocurriera lo mismo. Manuel por la mañana estudiaba y por la tarde trabajaba en el campo cogiendo tagarninas, espárragos, huevos para comer un poco de todo, construyendo cabañas, esquilando ovejas con los pies etc., es decir, lo normal que hace en un campo un niño de 14 años.
Con 17 años intentó contactar con Ernesto para que no se olvidara del viaje, pero no lo consiguió sin embargo empezó a ahorrar, todos los días lo llamaba al móvil pero fracasaba continuamente, hasta que el día de su decimoctavo cumpleaños, el 25 de febrero, Ernesto apareció en su casa de Granada y le dio el mejor regalo que podían darle. Ernesto ayudó a Manuel a hacer las maletas, y se fueron al aeropuerto a coger el avión destino Nueva Zelanda.
La primera imagen la he tomado de un blog llamado "Entre el caos y el orden" y la segunda la he cogido de otro blog llamado "Bajotinta".
sábado, 8 de octubre de 2011
VOY A SER ENFERMERO...
En un pequeño pueblo de la provincia de Cádiz vivía Edgar, un chico con una familia aparentemente normal: tenía dos hermanas y sus padres .Pero este chico se encontraba en una crítica situación y es que la meta que se había propuesto durante toda su vida y que hasta hacía poco parecía que iba a poder cumplir porque tenía muy buenas notas en el instituto era ser enfermero .Era su sueño, tenía que ser enfermero…pero todo indicaba que no podría llegar a serlo.
Sus padres en paro y este a punto de agotarse sus hermanas tenían pequeños trabajos que apenas les daba para mantenerse, por lo tanto no podía adquirir ayuda económica de su familia, de hecho sus padres les habían dicho que si quería seguir estudiando tendría que hacerlo sin su ayuda…
No sabía que hacer solo sabía que ese había sido su sueño durante toda su vida y que no iba a rendirse tan fácilmente.
Estuvo buscando trabajo durante meses y meses pero no consiguió el más mínimo contrato a corto plazo…
Cuando estaba apunto de dejarlo todo y empezar a trabajar para mantener a su familia, cuando ya no tenía esperanza alguna, vio en la tele que Irlanda casi había salido de la crisis y que el paro cada vez se reducía más. Y sin pensárselo dos veces fue al salón donde sus hermanas y sus padres estaban viendo la tele y les dijo: “Me voy a Irlanda”
En dos escasas semanas, las maletas en la puerta ,billete en mano ,y la cartera llena de sus pocos ahorros y lo que sus padres les habían dado.
Llega a irlanda y se inscribe en el instituto para terminar segundo de bachillerato, todavía tenía un año para buscar empleo y ahorrar para poder pagarse su carrera. El día que llegó dejo las maletas en el piso que había alquilado y se fue a buscar trabajo… pero en vez de eso encontró al que sería el amor de su vida. Megan, camarera de una mediocre cafetería situada en el centro de Dublín pero era alta guapa y con una dulce voz.
Por las tardes en vez de buscar trabajo quedaba con ella hasta que empezaron los exámenes y ya no podía seguir buscando trabajo…Entonces Megan le dijo que no se preocupara que le daría la mitad de su sueldo todos los meses para que pudiera pagar su carrera , todo fuera por estar con él y tener un buen futuro.
Pasaron cinco años durísimos viviendo con muy poco dinero y casi sin comer.
Pero Edgar estudiaba cada día más con el fin de sacar su carrera con una muy buena nota y poder empezar a vivir bien de una vez por todas.
Día de la graduación, matrícula de honor y como recompensa una plaza fija en el mejor hospital de Dublín…
No podían creérselo ¡tantos años viviendo en malas condiciones habían merecido la pena!
Edgar no regreso a Cádiz de forma permanente pero iba a visitar a su familia cada vez que podía y todos los meses le enviaba dinero para que vivieran mejor de lo que vivían.
Megan y Edgar vivieron felices y tuvieron seis hijos a los que no les falto nunca de nada y de los cuales dos de ellos fueron futuros enfermeros…
¿Una gran riqueza o simplemente nada?
Érase una vez una gran familia muy lujosa, con grandes riquezas, multitud de apartamentos, toda clase de oros... se podía decir que de todas las familias de esa época una de las más ricas era ésta, la familia de Jaime, un niño que por su cumpleaños, por navidad, por su día... siempre tenía los mejores regalos de la comarca y no le faltaba nunca bocado que llevarse a su boca, comía exquisitos manjares y por si faltaba poco al ser el niño más pequeño de su casa, era el más consentido y siempre pedía de todo, por lo que sus padres al poder concederle todos sus propósitos le compraban siempre los mejores regalos con tal de que Jaime fuese feliz. Eran dos hermanos más, una se llamaba Patricia, y el mayor de sus hermanos se llamaba José. Patricia era una chica muy buena y como tenía también siempre muchas cosas de gran fortuna pues cuando por la calle veía vagabundos o cualquier persona que necesitara ayuda, Patricia siempre le ayudaba y le ofrecía lo mejor de sus posesiones. Ella tenía muchas amigas que vivían de la pobreza y siempre le dejaba sus ropas, complementos, zapatos y le daba de los más fantásticos alimentos para que sus amigas fueran siempre igual de guapas que ella y tuvieran el estómago lleno.
Jaime, en cambio, era muy testarudo y mala persona con la gente que le rodeaba, siempre tenía amigos que fueran de su mismo estatus, nunca lo verían con una persona que no tuviera grandes fortunas y a los más necesitados, él y sus amigos se metían con ellos y les recordaba día a día las malas condiciones por las que tenían que pasar todos ellos a lo largo de su vida.
Por causas de la vida y porque el destino fue justo por algunas partes, en una gran parte de esta época la crisis se hizo aún más con todas las familias pobres que vivían en la miseria e incluso con la familia de Jaime. Por causas de falta de puestos de trabajo, falta de economía, cosechas fastidiadas por la sequedad de los campos... Como ya he dicho la crisis se apoderó de esta adinerada familia. Los primeros años que ésta duró, esta familia no notaba sus consecuencias con tal grado en la que la notaron a lo largo de unos añitos más pasados.
Cuando Jaime que era el que lo estaba superando peor vio que con el paso del tiempo cada vez su familia estaba cayendo aún más en la miseria no dudó un segundo en caer enfermo y estuvo ingresado durante unas semanas en el hospital para una gran mayor desgracia en sus padres.
Patricia no podía creer lo que estaba ocurriendo frente a la gran crisis que todo el país estaba sufriendo con mucha importancia incluso hasta para la salud de su pobre hermano. Pero ella sin embargo lo llevaba con una gran actitud positiva ya que ella hasta cuando era rica tampoco era una persona muy avariciosa y todo lo que podía lo ofrecía a los demás con facilidad, muchas personas quisieran ser de la misma condición de la que era Patricia.
Al cabo del tiempo la crisis poco a poco fue aumentando y ya los padres de Jaime no podían ni pagar a sus mayordomos, criados... por lo que cada vez más se estaban pareciendo a esas familias de las que tanto Jaime y sus amigos se metían con ellas, atosigando a los pobres hijos a escuchar sus despechos.
Jaime por fín fue recuperandose y salió sano y salvo del hospital donde todos los médicos le contaban todos los días a sus padres que su hijo no tenía absolutamente nada, sólo se sentía muy avergonzado en su colegio, puesto que esos niños con los que se reía tanto Jaime a su costa ahora eran ellos los que se reían de él y no tenía agallas de pisar el colegio.
Poco a poco esta familia se fue acostumbrando a lo que era vivir sin tantos lujos y podían ver cómo se podía vivir igual de feliz con o sin dinero. Jaime tuvo muchos más amigos, ya que se llevaba bien con aquellos pobres niños, que con el paso del tiempo quisieron perdonarle a Jaime y sus amigos todos sus reproches. Patricia, la niña buena de la casa, siguió con sus mismas amigas pero eso sí ahora todas ellas podían intercambiarse la ropa y sus complementos, estaban todas igualas en poder. Toda la familia integrada ya en la vida enfocándola desde la miseria, aprendieron la gran importancia de este cuento que es: ''No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita'' y ''El dinero no da la felicidad'', y esto lo pudieron comprobar ellos mismos cuando vieron que sin toda la fortuna que poseían antes, ahora eran igual o incluso más felices porque no tenían que compararse con los demás, todos eran iguales en poder.
La historia de Mario
Érase se una vez una familia de clase baja donde sobraba el amor pero no el dinero. Esa familia era conocida como los Apero el motivo de este sobrenombre no se sabe exactamente pero algunos dicen que es por su capacidad de ver el lado positivo a las cosas (no tenemos dinero pero tenemos amor).
El caso es que esta familia estaba formada por cuatro miembros, dos hijos y sus respectivos padres. El hermano pequeño se llamaba Mario y la hermana mayor María.
Para desgracia de los padres María no podía estudiar y conseguir un buen empleo que consiguiese sacar adelante a la familia, debido a que estaba obligada a casarse con un viejo comerciante.
La única esperanza de la familia era Mario, sobre él recaía una gran presión familiar.
Al cabo de unos años Mario acaba los estudios en el instituto y consigue matricularse en la universidad gracias a unas becas del Estado.
Durante su estancia en la Universidad conoce a una chica llamada Sofía que al igual que el está estudiando Biología. El caso es que ambos congenian bastante bien y se enamoran. Sofía era una chica muy inteligente e idealista que soñaba con vivir en Alaska.
Cuando terminan la universidad se distancian debido a que la familia de Sofía tiene que emigrar a China por cuestiones de trabajo del padre.
Mario ilusionado por encontrar trabajo busca sin parar un oficio que consiga sacar de la pobreza a sus padres (ya que María se había marchado con aquel comerciante)
Pasa un mes y no ha encontrado nada, Mario sabe que el país está en crisis y se acuerda de todos los familiares de los políticos.
Un día más Mario llega a casa sin el pan bajo el brazo.
Desesperado Mario decide robar un banco con un amigo llamado Antonio que conoció una noche de invierno.
Ambos planean cuidadosamente como hacerlo y una noche oscura llevan a cabo su plan, armados hasta los dientes entran en la sucursal y Antonio apunta en la sien a un guarda de seguridad amenazándolo para que abriese la caja fuerte.
El guarda atemorizado abre la caja y consiguen el botín pero Antonio a sangre fría dispara y le encaja un bala en la frente al guardia. Ambos salen huyendo ya que se podía oír las sirenas de los policías.
Antonio traiciona a Mario delatándolo a la policía y se inicia una orden de búsqueda contra él. Mario huye y se esconde en un frondoso bosque.
Al día siguiente, armado con un revolver Mario busca a Antonio y lo liquida apoderándose del dinero robado.
Les daría ese dinero a sus padres para que nunca más pasaran hambre y se quedaría un poco.
Como él conservaba aun el número de teléfono de Sofía la llamo y le ofreció vivir con él en Alaska. Así que con algo de dinero que conservó del robo viajaron a Alaska y fueron felices y comieron osos.
lunes, 3 de octubre de 2011
MI COMIENZO EN 1º DE BACHILLERATO
Los últimos días de verano se pasan volando, y tú esperas con ansiedad (no sé si por ganas o por quitarte de encima el peso de esperar) que empiece el curso.
Yo, al ser de Paterna, me levanto el primer día y cojo el autobús para ir a Medina, un poco agobiada por no conocer apenas a la gente con la que voy a compartir este curso. Nada más llegar, me encontré con dos amigas que me comentaron que estaban en 1º de Bachillerato de Ciencias y me sentí más cómoda al saber que iba a estar con ellas, porque no me gusta llegar a un lugar y permanecer todos los días con las mismas personas que llevas viendo unos cuantos años.
Al entrar a clase, ves que más de la mitad son desconocidos y piensas, “a ver cómo me las apaño para hablar con ellos”, pero cuando menos te lo esperas, estás comentando cosas con los compañeros que tienes delante o con los de tu lado.
Con los temas de los profesores pasa algo parecido, muchos alumnos de Medina conocen a algunos de ellos y no tienen ningún tipo de problema a la hora de hablar, hacer preguntas o compartir ideas u opiniones, pero tú, que eres nuevo para todos, no te ves capaz de abrir la boca, hasta que te das cuenta de que tu compañero, también nuevo, está interviniendo en clase…, no puedes seguir siendo tímida el resto del año, ¡espabila!.
Hablando de las clases, los primeros días te dicen los profesores que hay un gran cambio de la ESO a Bachiller, lo mismo que te han estado diciendo el último año en la ESO todos los profesores que conocías y tú no sabes cómo vas a reaccionar cuando comiences a recibir el temario de las asignaturas, algunas de ellas nuevas, y lo primero que haces es prestar mucha atención a las explicaciones y comentarios del tema y apuntar todo lo que crees que es importante (aunque luego no sabes cómo encajar los apuntes que has tomado, ni siquiera si son importantes).
Poco a poco van pasando los días y observas que aquello a lo que tanto temías, se ha convertido en la rutina que lleva persiguiéndote la mayoría de tus años de vida. Te levantas temprano, llegas al instituto, te pasas seis horas y media esperando que den las dos de la tarde, vuelves a casa e intentas descansar. Así de lunes a viernes, donde empieza un fin de semana que esperas disfrutar, ya que en un abrir y cerrar de ojos te encuentras en la parada del autobús a las 7:30 de la mañana otra vez.
Y yo, espero que esta rutina que ha empezado hace poco la podamos llevar bien durante todo lo que nos queda de curso.
Yo, al ser de Paterna, me levanto el primer día y cojo el autobús para ir a Medina, un poco agobiada por no conocer apenas a la gente con la que voy a compartir este curso. Nada más llegar, me encontré con dos amigas que me comentaron que estaban en 1º de Bachillerato de Ciencias y me sentí más cómoda al saber que iba a estar con ellas, porque no me gusta llegar a un lugar y permanecer todos los días con las mismas personas que llevas viendo unos cuantos años.
Al entrar a clase, ves que más de la mitad son desconocidos y piensas, “a ver cómo me las apaño para hablar con ellos”, pero cuando menos te lo esperas, estás comentando cosas con los compañeros que tienes delante o con los de tu lado.
Con los temas de los profesores pasa algo parecido, muchos alumnos de Medina conocen a algunos de ellos y no tienen ningún tipo de problema a la hora de hablar, hacer preguntas o compartir ideas u opiniones, pero tú, que eres nuevo para todos, no te ves capaz de abrir la boca, hasta que te das cuenta de que tu compañero, también nuevo, está interviniendo en clase…, no puedes seguir siendo tímida el resto del año, ¡espabila!.
Hablando de las clases, los primeros días te dicen los profesores que hay un gran cambio de la ESO a Bachiller, lo mismo que te han estado diciendo el último año en la ESO todos los profesores que conocías y tú no sabes cómo vas a reaccionar cuando comiences a recibir el temario de las asignaturas, algunas de ellas nuevas, y lo primero que haces es prestar mucha atención a las explicaciones y comentarios del tema y apuntar todo lo que crees que es importante (aunque luego no sabes cómo encajar los apuntes que has tomado, ni siquiera si son importantes).
Poco a poco van pasando los días y observas que aquello a lo que tanto temías, se ha convertido en la rutina que lleva persiguiéndote la mayoría de tus años de vida. Te levantas temprano, llegas al instituto, te pasas seis horas y media esperando que den las dos de la tarde, vuelves a casa e intentas descansar. Así de lunes a viernes, donde empieza un fin de semana que esperas disfrutar, ya que en un abrir y cerrar de ojos te encuentras en la parada del autobús a las 7:30 de la mañana otra vez.
Y yo, espero que esta rutina que ha empezado hace poco la podamos llevar bien durante todo lo que nos queda de curso.
domingo, 2 de octubre de 2011
Mi comienzo en 1º de Bachillerato.
Primero voy a presentarme, me llamo José Ángel Marchante Romero y estudio en 1º de bachillerato de ciencias. Este blog ha sido creado para proyecto integrado y en él iremos escribiendo lo que Miguel vaya pidiendo a lo largo del curso y como el mismo nombre del blog dice intentaremos darle a los comentarios un pequeño toque sarcástico.
Esta imagen la he cogido de un blog de Miguel Roa llamado: "Las fotografías de Miguel Roa".
El comienzo de este curso ha sido como el de todos los años, nada especial, eso sí, este año ha tenido algo diferente, mirar un momento hacia el lado y no conocer a muchas personas, porque si no cuento mal casi la mitad de la clase son nuevos conocidos para mí. También deseas que las clases con los profesores nuevos pasen ligeras y que las que te dan profesores ya conocidos pasen muy despacio porque te sientes mejor, con más confianza pero poco a poco coges la confianza que necesitas y ya deseas que todas las clases pasen rápidas y te vayas a tu casa lo antes posible a darle un gran abrazo a tu querida cama.
Te das cuenta de que estás viviendo algo nuevo que algunos amigos mayores que tu ya han vivido, eso es lo que se conoce como Bachillerato, te suelen hablar mucho sobre él y te dicen que hay que ponerse las pilas y lo más importante, hacer amigos, que para mí es lo mejor de estar en bachillerato. Esa sensación de estar en algo nuevo te hace pensar que ya no eres un niño y que eres importante jeje. Creía que lo que más me iba a costar era tener que levantarme temprano, pero me levanto bien sin que me cueste mucho pero no sé por qué siempre llego tarde las primeras horas de todos los días, yo creo que la culpa la tiene el televisor pero no quiero juzgar a nadie jaja.
No es algo que me llame la atención el tener que empezar a estudiar pero si para algo estoy aquí es para eso, para poder llegar a estudiar lo que verdaderamente me gusta, que más adelante os diré lo que es. Las dos primeras semanas de clase empezamos repasando lo que habíamos dado años anteriores, no me acordaba de casi nada, y luego a las 3 semana empiezas con temario nuevo, cosas muy difíciles a las que les tienes que poner más tiempo y esfuerzo.
Antes de empezar este curso me lo esperaba peor pero al fin y al cabo no es tan complicado. Yo que suelo ser un poco flojo para hacer lo que no me gusta lo estoy llevando bien, ¡parece increíble pero me está gustando casi todo lo que estoy haciendo!, así que perfecto. Lo que más me cuesta es saber cuándo sí y cuándo no hay que coger apuntes, está el profesor explicando tranquilamente, de repente te giras y ves a todo el mundo escribiendo y te haces esta pregunta: “¿o están haciendo dibujitos o están escribiendo lo que el profesor dice?” ya ahí te entra la duda y empiezas a escribir como un loco, que cuando termina la clase y lees lo que has escrito te dices a ti mismo “ he copiado lo menos importante de toda la clase” pero bueno las clases se sobrellevan como se puede y por ahora no me molesta tener que estudiar ni nada por el estilo.
Y bueno eso ha sido bajo mi punto de vista mi comienzo en primero de Bachillerato. Un abrazo.
Esta imagen la he cogido de un blog de Miguel Roa llamado: "Las fotografías de Miguel Roa".
El comienzo de este curso ha sido como el de todos los años, nada especial, eso sí, este año ha tenido algo diferente, mirar un momento hacia el lado y no conocer a muchas personas, porque si no cuento mal casi la mitad de la clase son nuevos conocidos para mí. También deseas que las clases con los profesores nuevos pasen ligeras y que las que te dan profesores ya conocidos pasen muy despacio porque te sientes mejor, con más confianza pero poco a poco coges la confianza que necesitas y ya deseas que todas las clases pasen rápidas y te vayas a tu casa lo antes posible a darle un gran abrazo a tu querida cama.
Te das cuenta de que estás viviendo algo nuevo que algunos amigos mayores que tu ya han vivido, eso es lo que se conoce como Bachillerato, te suelen hablar mucho sobre él y te dicen que hay que ponerse las pilas y lo más importante, hacer amigos, que para mí es lo mejor de estar en bachillerato. Esa sensación de estar en algo nuevo te hace pensar que ya no eres un niño y que eres importante jeje. Creía que lo que más me iba a costar era tener que levantarme temprano, pero me levanto bien sin que me cueste mucho pero no sé por qué siempre llego tarde las primeras horas de todos los días, yo creo que la culpa la tiene el televisor pero no quiero juzgar a nadie jaja.
No es algo que me llame la atención el tener que empezar a estudiar pero si para algo estoy aquí es para eso, para poder llegar a estudiar lo que verdaderamente me gusta, que más adelante os diré lo que es. Las dos primeras semanas de clase empezamos repasando lo que habíamos dado años anteriores, no me acordaba de casi nada, y luego a las 3 semana empiezas con temario nuevo, cosas muy difíciles a las que les tienes que poner más tiempo y esfuerzo.
Antes de empezar este curso me lo esperaba peor pero al fin y al cabo no es tan complicado. Yo que suelo ser un poco flojo para hacer lo que no me gusta lo estoy llevando bien, ¡parece increíble pero me está gustando casi todo lo que estoy haciendo!, así que perfecto. Lo que más me cuesta es saber cuándo sí y cuándo no hay que coger apuntes, está el profesor explicando tranquilamente, de repente te giras y ves a todo el mundo escribiendo y te haces esta pregunta: “¿o están haciendo dibujitos o están escribiendo lo que el profesor dice?” ya ahí te entra la duda y empiezas a escribir como un loco, que cuando termina la clase y lees lo que has escrito te dices a ti mismo “ he copiado lo menos importante de toda la clase” pero bueno las clases se sobrellevan como se puede y por ahora no me molesta tener que estudiar ni nada por el estilo.
Y bueno eso ha sido bajo mi punto de vista mi comienzo en primero de Bachillerato. Un abrazo.
sábado, 1 de octubre de 2011
Agujero negro
Un hombre y solo un hombre hará todo lo posible por saber más sobre los agujeros negros, o si no que se lo pregunten a Stephen Hawking.
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